¿Preparados? Para la final

Llega la época de finales, meses compitiendo para jugarte el todo por el todo a una sola carta, según cuál sea el resultado al final te juzgarán el resto de la temporada. Pero, ¿cómo se disputan las finales? ¿Tengo que hacer algo especial? ¿Es más difícil una final que un partido o una prueba normal?

La realidad es que una final se ha de afrontar como una prueba más de la competición. La última, sí, pero a fin de cuentas una más. Todo aquel que ame el deporte y lo quiera o tenga como su forma de vida, tiene que estar igual de motivado en cada entrenamiento, cada partido y cada competición. ¿Podemos buscar un plus en estímulos novedosos? Evidentemente sí: toda activación es bienvenida, pero hasta cierto punto. Una sobreexcitación puede acabar afectando al rendimiento de forma negativa, por lo que hay que medir bien la estimulación.

Con respecto a las rutinas, ¿tengo que hacer algo especial o nuevo? La respuesta es clara: no. ¿Por qué voy a cambiar algo que me ha funcionado durante toda la temporada? Es más, el cambio en la cotidianidad puede afectar a la concentración al desestructurar un conjunto de acciones muy consolidadas que además ayudan a reducir el estrés y la ansiedad de cara a la competición.

Tendemos a pensar que una final se compite de forma distinta, que al jugarte la temporada será más complicado y por ello tengo que intentar acciones más complejas; no obstante es un error. Claro que hay que superarse a sí mismo y ampliar límites, pero para ello están los entrenamientos donde saldremos de nuestra zona de confort y consolidaremos esas nuevas acciones,  y una vez consolidadas aplicarlas, pero una final hay que competirla con las armas que te han llevado hasta ella. No por miedo ni desconfianza, sino porque hay que afrontarlo como una prueba más de un cúmulo de pruebas, y si te han servido durante el camino no hay necesidad de sustituirlas por otras.

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