Entrevista a Javier Lledó, repasando su trayectoria deportiva

Francisco Javier Lledó Llano (Coria del Río, 11-07-1979) fue un portero que tuvo una destacada trayectoria en Segunda División y en Segunda División B. En la división de bronce dio sus primeros pasos, jugando tanto para el Coria CF como para el Atlético de Madrid “B”. Posteriormente logró dar el salto a Segunda División, jugando en un primer momento en el Real Valladolid y en el Real Murcia. Tras ascender a la máxima categoría con los pimentoneros, pasó dos buenas campañas con la AD Ceuta, que le valieron para regresar a la división de plata con CD Castellón y Xerez CD. Sus últimas campañas fueron en dos ilustres, como Real Valladolid o Albacete Balompié. Una interesante trayectoria, que el cancerbero repasó en esta entrevista con El Córner del Sur.

Cuéntenos cómo fueron sus primeros pasos en el mundo del fútbol.

Fue en el equipo de la escuela de mi pueblo, en Coria del Río. Era una escuela donde disfrutábamos y a partir de ahí pasé al Coria CF. Mis comienzos fueron ahí: primero en la escuela de Coria y luego en el Coria CF. Desde los siete añitos estamos en activo.

Después pasé por la cantera del Sevilla FC y luego volví de nuevo al Coria CF, donde jugué en Segunda B. Y luego ya, pasé por muchos sitios: el Atlético de Madrid, el Real Valladolid, el Real Murcia, la AD Ceuta donde estuve dos años, el CD Castellón, el Xerez CD, el Real Oviedo y el Albacete Balompié. Ahí ya me retiré.

Pasó por la cantera del Sevilla FC, llegando a conquistar la Copa del Rey Juvenil en 1997. ¿Qué recuerdos le quedan de aquella etapa?

Tuvimos la suerte de quedar campeones ese año ante el FC Barcelona, al que ganamos en la final por 2-1. Había dos grandes equipos enfrentándose en la final. Teníamos una gran hornada de futbolistas y muchos de ellos acabaron llegando a Primera División.

La siguiente parada de su trayectoria estuvo en el Coria CF, con el que en la temporada 1999-2000 consiguió debutar en el Grupo IV de Segunda División B. ¿Qué significó para usted su estreno en la categoría de bronce ante el Dos Hermanas, en la primera jornada?

Estaba muy ilusionado, porque no me esperaba debutar en el equipo del pueblo en la categoría de bronce. Tuve la suerte de debutar y de jugar contra el Dos Hermanas. Bueno, creo que fue un buen partido y el resultado, si no recuerdo mal, fue de 1-1.

¿Cómo fueron los tres años siguientes en el Coria CF? ¿Qué le aportó su paso por este conjunto para años venideros?

En el primer año tuvimos bastantes dificultades: era un equipo con poco presupuesto y con jugadores con muchísimas ganas de demostrar cosas. Hasta las últimas jornadas no llegamos a salvarnos. Esa temporada cambiamos de entrenador: comenzamos con Salvador Ocaña y con José María Negrillo y en la segunda vuelta cambiamos con Carlos Orúe. Con él, la verdad es que el equipo se adaptó bien a su sistema de juego. Conseguimos sacar puntos en campos difíciles para mantener la categoría.

Luego, en el segundo año, el equipo se hizo a la categoría. Con Francisco López Alfaro y Joaquín Parra hicimos una meritoria temporada: estuvimos peleando por los puestos de arriba y si no recuerdo mal, quedamos en sexta o séptima posición. Lo hicimos muy bien, la verdad. En mi última temporada en el Coria CF tuvimos la mala suerte de descender. Seguíamos siendo un equipo con poco presupuesto, ante equipos que tenían a futbolistas de bastante nivel. No nos dio para mantener la categoría: el último año fue bastante duro.

Prácticamente a mí la segunda etapa que estuve en mi pueblo, supuso la base para poder llegar al profesionalismo. Me enfrenté a jugadores de mucho nivel en la categoría. Era joven, tenía 20 o 21 años, y la verdad me sirvió para sentar las bases para demostrar a nivel profesional que valía para jugar.

En la temporada 2002-2003 se produjo su llegada al filial del Club Atlético de Madrid. ¿Qué fue lo que le atrajo de jugar en el segundo equipo rojiblanco? ¿Cómo fue el primer año en el equipo?

Prácticamente, el proyecto. Tuve varias ofertas de cantera a nivel nacional y la primera fue la del Atlético de Madrid. Me presentaron un proyecto para poder ascender a Segunda División, dos años y con la posibilidad de debutar con el primer equipo. La verdad es que tampoco me lo pensé mucho: me fui rápido porque era una muy buena oportunidad.

En el primer año estuvimos alternando Juanma y yo: creo que jugamos 22 partidos cada uno. Él sí tuvo la oportunidad de debutar con el primer equipo. También alternamos con entrenamientos con el primer equipo. Ese primer año me sirvió para adaptarme a una categoría, a una ciudad y a unos compañeros que no conocía. Todo eso me ayudó para el segundo año, en el que fue todo más rodado.

Su segunda temporada, a las órdenes de Pepe Murcia, se saldó con la consecución del campeonato en el Grupo II de Segunda División B. ¿Cómo era aquel equipo? ¿Dónde estuvo la clave de aquel éxito?

Fue una temporada en la que teníamos un gran equipo. Quedamos primeros, siendo los menos goleados del Grupo II y conseguimos disputar la liguilla de ascenso. Se hizo un gran equipo y muchos de ellos, después jugaron en el Atlético de Madrid: Gabi, de hecho, ha estado hasta el año anterior jugando en el primer equipo.

Pienso que la clave estuvo en la juventud. Éramos muchos futbolistas jóvenes, que creíamos en las ideas de Pepe Murcia. Los que éramos un poco más mayores, con 22 o 23 años, ayudamos a aportar ese grado de veteranía dentro del equipo. Eso nos ayudó a ser uno de los conjuntos más fuertes que hubo ese año en la categoría.

¿Qué recuerdos le quedan de aquella liguilla de ascenso, ante oponentes como CD Castellón, Racing de Ferrol o Sevilla Atlético?

A pesar de la buena temporada que hicimos, la liguilla de ascenso no fue buena para nosotros. Conseguimos siete puntos, jugando mejor que los rivales y proponiendo más en el campo: pero claro, nos faltó ese grado de veteranía que los demás equipos sí tenían. El Racing de Ferrol, que ascendió, demostró esa veteranía que nosotros, con nuestra juventud, no teníamos. Creo que nos faltó ese grado de picardía que hace falta a los equipos para conseguir los objetivos en esos momentos.

Además, en la temporada 2003-2004 fue convocado en una ocasión por Gregorio Manzano en  un partido de Liga con el primer equipo. ¿Qué supuso para usted? ¿Qué recuerdos tiene de ese encuentro en el Calderón ante el RC Celta de Vigo?

Fue muy bonito. Tuve la oportunidad de haber ido antes, en Copa del Rey ante el Sevilla FC: perdió el Atlético de Madrid 4-0. El Mono Burgos estaba lesionado y al final el míster decidió llevarlo e incluso jugó lesionado. Mi compañero fue el que vino como suplente. Me llegó la oportunidad de ir convocado, una experiencia bonita: con 23 años recién cumplidos era bonito estar en el vestuario con grandes futbolistas, internacionales… La verdad es que me quedo con eso, con la experiencia vivida. No tuve la suerte de debutar, pero aún así me llevo esos recuerdos.

Las dos siguientes campañas las pasó enrolado en la disciplina del Real Valladolid, en Segunda División. ¿Cómo vivió esos años en el combinado blanquivioleta?

Venía de un filial y pasé a jugar a un equipo donde había muchos futbolistas que se conocían, que llevaban mucho tiempo jugando a gran nivel. Mi compañero fue Bizzarri: aprendí mucho de él. Venía del Madrid y era un portero muy bien considerado en Valladolid. Esos años me sirvieron para coger veteranía, para aprender y para empaparme de los conocimientos de los compañeros. Me quedo con mis compañeros y con que esos años me sirvieron para estar en un equipo con aspiraciones de subir a Primera División.

A mediados de la temporada 2006-2007 pasó a las filas del Real Murcia, con quien logró ascender a Primera División. ¿Qué recuerdos le quedan de su etapa en el cuadro pimentonero? ¿Cómo vivió el ascenso del equipo?

Llegué en enero, cuando se cerraba el mercado de fichajes. Me llegó la posibilidad de firmar por el Murcia, que estuvo entre los tres primeros toda la temporada. Me encontré bajo palos a Notario y a Juanmi: eran dos grandes porteros y que contaban con una experiencia fundamental para el ascenso de aquel equipo. Me tocó ser tercer portero, aunque llegué a jugar. Allí, prácticamente estuve aprendiendo: estuve media temporada, jugué lo que me dejaron y aprendí muchísimo de esos dos grandes porteros. Fue una experiencia bonita la del ascenso, porque un ascenso a Primera División no se vive todos los días.

A pesar de haber participado poco, me sentí uno más de la plantilla porque así me lo hicieron ellos ver, tanto Lucas Alcaraz como el Director Deportivo. Fue una vivencia que pocos tienen la suerte de vivir: con eso me quedo.

Posteriormente firmó por la AD Ceuta, con quien en el curso 2007-2008 rozó el ascenso a Segunda División. ¿Cómo fue esa temporada en el Alfonso Murube? ¿Cómo fue la eliminatoria decisiva contra el Girona FC?

La verdad es que se hizo un gran equipo para la categoría, con muchos jugadores de fuera de Ceuta: más que nada de la Península. Empezamos muy dubitativos hasta que se produjo el cambio de entrenador, llegando Benigno Sánchez. Con él, el equipo se adaptó bien a su idea y nos quedamos a un pasito de ascender. Por un gol ante el Girona FC perdimos el ascenso. Se fue al traste la gran temporada que habíamos realizado. Pese a ello, fue una temporada bonita, en la que vivimos cosas únicas y creo que sentamos las bases para tener un buen equipo al año siguiente.

Recuerdo un Alfonso Murube a reventar: no lo había visto nunca así. Fue muy bonito, quedando 0-0 en casa. Los ceutíes estaban muy ilusionados y nosotros también. Luego fuimos allí a Montilivi, con toda la fuerza del mundo. Lo que pasa es que por un gol, nos ganaron la eliminatoria. Propusimos más que ellos, pero no tuvimos la suerte de empatar el partido. Desde entonces el Girona FC es lo que es: ahí lo tenemos, en Primera División.

Vivió otras dos experiencias en Segunda División, en conjuntos como el CD Castellón y el Xerez CD. ¿Cómo fueron esas experiencias?

En el CD Castellón firmé viniendo el equipo de una gran temporada: había competido muy bien el año anterior, teniendo a mi compañero Carlos Sánchez como Zamora de la categoría. Sin embargo, en mi temporada allí tuvimos la mala suerte de descender. Era una categoría muy complicada, con muchísimos partidos. No se dieron las circunstancias favorables para conseguir la puntuación que nos salvara. Es complicado cuando te metes abajo durante toda la temporada, es complicado salir. Fue una mala experiencia, más que nada.

Al Xerez CD llegué tras haber jugado 35 partidos con el CD Castellón, estando más asentado como portero. Llegué tarde, en la última semana del mercado de fichajes y me costó adaptarme aunque conocía a muchísimos futbolistas que habían jugado en Primera División: Capi, Antoñito, Redondo, José Mari… Había un gran equipo. Después me hice con la titularidad, con mucho trabajo y los resultados al final no se dieron. Me sirvió sobre todo porque estaba cerca de casa y bueno, para recargar pilas cada vez que podía, me escapaba para casa.

Acabó su carrera en dos históricos que por aquel entonces estaban en la categoría de bronce, como eran el Real Oviedo y el Albacete Balompié. ¿Con qué se queda de su etapa en dichos conjuntos?

Con el Real Oviedo firmé rápido: me pude adaptar pronto al equipo y a mis compañeros. Todos sabemos qué equipo es el Real Oviedo y cómo es su afición: cómo lo viven, cómo van siempre detrás del equipo… Lo pasamos mal, la verdad es que estuvimos casi media temporada con problemas de cobro. Estábamos peleando por ascender sin apenas medios: la afición siempre respondía. No tengo quejas de esa afición porque siempre nos apoyó, incluso estando sin cobrar. Al final no pudo ser: es lógico que los problemas económicos afecten en el tema deportivo. Fue una experiencia que nos marcó a muchos porque nos dedicábamos a esto y teníamos muchas ilusiones puestas, pero al final no pudo ser por el tema económico que influyó bastante en la plantilla.

La del Albacete Balompié fue mi última temporada. Empezamos bien, pero como te digo, el tema económico afectó otra vez. El equipo lo iba notando, no se iban consiguiendo los resultados, la afición no nos apoyaba tanto como en el Real Oviedo. Al final y al cabo, cada uno subsistía como podía. Cuando llegó marzo, no tenía idea de seguir jugando: me quitaron las ganas y decidí retirarme antes de finalizar la temporada con 33 años. Intenté seguir ligado al fútbol, estudiando y sacándome los títulos de entrenador.

Si tuviera que destacar un entrenador de todos los que ha tenido durante su trayectoria, ¿cuál sería? ¿Por qué?

La verdad es que hay varios entrenadores que marcaron mi devenir futbolístico. Uno de ellos fue Pepe Murcia, que me dio confianza desde que me conoció, apostando por mí. Tanto Francisco López Alfaro como Joaquín Parra, apostaron mucho por mí. También me enseñó mucho Carlos Orúe, aunque prácticamente no jugué mucho con él. Al final siempre he intentado quedarme con lo mejor de cada uno: siempre es bueno, aunque salga la cosa mal, porque así siempre creceremos.

A lo largo de su carrera tuvo como compañeros bajo palos a jugadores como Cuéllar, Bizzarri, Notario, Carlos Sánchez, Chema… ¿Cuál pudo marcarle más?

Como te he dicho antes con los entrenadores, con los porteros igual: uno no siempre tiene la verdad, siempre tiene que trabajar para mejorar. Cuando conocía a un compañero, lo primero que intentaba era ganarme el puesto. Lo segundo, era aprender lo mejor que él tenía: cuando no era el juego con los pies era la comunicación, cuando no era la comunicación era el juego aéreo… Siempre he intentado quedarme con lo mejor de cada uno. Gracias a Dios, eso lo he sabido aprovechar, porque me ha servido ahora en mi carrera para intentar enseñar las cosas que yo intentaba mejorar.

Para finalizar, ¿cuál ha sido el mejor momento que ha vivido como futbolista?

Hay varios momentos: el ascenso con el Murcia, la liguilla de ascenso con la AD Ceuta, la liguilla de ascenso con el Atlético de Madrid, la primera eliminatoria de Copa del Rey con el Coria CF ante el Cádiz CF, la primera eliminatoria de Copa del Rey con el Valladolid ante el Eibar que paré dos penaltis y pasamos la eliminatoria… Hay varios momentos que te marcan y te quedan en la memoria, que es donde mejor se queda guardado.