Entrevista a Ismael Díaz, recordando el ascenso del Málaga CF de la temporada 1997-1998

En este mes de junio se cumplen 20 años del histórico ascenso del Málaga CF a Segunda División. Un hito del que uno de los grandes protagonistas fue Ismael Díaz Galán (Avilés, 02-10-1965). El técnico, que llegó a La Rosaleda con la temporada iniciada, consiguió conducir al equipo boquerón hasta el éxito en una apretada liguilla de ascenso. No fue su única experiencia por los banquillos de Andalucía, puesto que también dirigió a equipos como Cádiz CF o Granada CF. Una trayectoria que, muy amablemente, repasó con El Córner del Sur desde Finlandia, donde actualmente se encuentra trabajando a los mandos del JS Hércules.  

Con la temporada 1997-1998 ya empezada se produjo su llegada al banquillo del Málaga CF. ¿Cómo se fraguó su desembarco en La Rosaleda?

En aquel año yo había acabado en junio con el Sporting “B”. Me hicieron una propuesta de continuidad que no me parecía beneficiosa y mi representante por aquel entonces, que era José Antonio Martín Petón, me plantea llevar la Secretaría Técnica del CD Ourense, que estaba en Segunda División. Allí estuve hasta el mes de octubre, cuando me plantearon la posibilidad de coger un banquillo como era el del Málaga CF: para un chico de 31 años, con mi experiencia y mis ganas de comerme el mundo, fue un reto lo suficientemente ilusionante para no dudarlo y hacerme cargo del equipo durante aquella temporada.

¿Cómo se encontró al equipo a su llegada? ¿Cuáles fueron sus primeras sensaciones con la plantilla?

Bueno, como se encuentra a cualquier grande en horas de muchas dudas y de mucha confusión. El equipo era séptimo u octavo clasificado, a muchos puntos del Recre de mi amigo Joaquín Caparrós. Y bueno, por aquellas cosas del destino, se revirtió la situación y algunos meses después quedamos campeones por encima de aquel Huelva que estaba disparado cuando llegamos. Era un Grupo IV terrible, porque había muchos históricos de Andalucía ahí: estaban el Recreativo de Huelva, el Granada CF, el Cádiz CF, el Almería…

A lo largo de la temporada, el Málaga CF consiguió finalizar en lo más alto de la tabla en el Grupo IV de Segunda División B. ¿Qué valoración hace con el paso de los años del trabajo realizado en la fase regular? ¿Dónde estuvo la clave del éxito?

Yo siempre creo, por encima de todo, en el trabajo colectivo. Por encima de otras cuestiones, para mí la gestión de grupos humanos es lo que he comprobado en la vida que te lleva más lejos. No solo en el mundo del fútbol, sino también en la empresa: cuando no cojo banquillos como ahora, que estoy en Finlandia, me dedico en España a dar cursos sobre la creación y gestión de grupos humanos. Creo que ahí estuvo la clave. Tuvimos un muy buen grupo, en el que por encima de la presión que puede tener un club de esta categoría, la gente se centró en ser buenos como equipo, en tener una bandera futbolística que defendimos en cada partido…

En la liguilla, su equipo se enfrentó a rivales como el Beasain, el Talavera o el Terrassa. ¿Cómo veían a dichos adversarios antes de medirse a ellos en la fase de ascenso? ¿Qué recuerdos le quedan de aquella liguilla?

Ahí había una presión real de aquellos equipos que llegamos a esa fase del campeonato: jugábamos una liguilla cuatro equipos hasta el final, ganando el mejor de ese mes. Todo el mes entero compitiendo, cuando el equipo llegaba justo a aquellas fechas. Y ahí se añadía la presión de cada equipo. Obviamente, la presión del Talavera no era la nuestra, la presión del Terrassa tampoco y mucho menos la del Beasain, que es un maravilloso pueblo de Euskadi, pero que no tiene el peso social que tiene el Málaga.

Después de un primer partido en Beasain donde ganamos por 1-2, tal vez el frenazo fue volver a La Rosaleda llena y empatar ante el Talavera. Fue un poco la cumbre del nerviosismo del equipo, que ratificó en el partido de vuelta ante el Talavera, que se pierde de una forma muy cruenta porque desde el minuto 1 nos expulsaron al capitán, a Bravo, y jugamos con 10 todo el partido… Un partido ante un Talavera muy experimentado, dirigido por Goyo Manzano…

Esos tres partidos marcaron un poco un antes y un después en la confianza de los jugadores en todo lo que habíamos trabajado y en la afición, que ya no llenó La Rosaleda: sí vinieron los más fieles, que habían estado con el Málaga CF en las más duras. Con ellos tuvimos la suerte de ganar al Beasain en la cuarta jornada y luego, en el partido de Terrassa, la desgracia de sufrir una derrota por 3-0… Tuvimos que jugárnoslo a la vuelta con nuestros más entregados aficionados: ahí La Rosaleda vistió sus galas de los más convencidos, llenándose a medida que la gente fue llegando a medida que iban escuchando los goles por la radio. En ese partido, ese factor que te he comentado de la fortaleza grupal sirvió para sacar todo lo que llevábamos dentro y conseguir la victoria por esa diferencia que necesitábamos de tres goles.

En la última jornada, el Málaga CF necesitaba vencer por tres goles de diferencia al Terrassa y esperar un tropiezo del Talavera en el otro partido. ¿Cómo fue la preparación del encuentro?

Son semanas en las que todo está dicho, todo está hecho y lo que hay que hacer es focalizar la atención hacia lo que es útil en ese momento. Estar tranquilos, estar convencidos de lo que teníamos que hacer porque lo habíamos hecho muchas veces durante el año… Fue una semana de trabajo más en ese aspecto mental que puramente en otro. Tratamos de ayudar a los jugadores con toda la presión que se sufrió, que fue mucha: desde un intento de cese de un servidor a toda la presión de la ciudad. Una vez que se consiguió aislarlos y centrarlos en la fe que teníamos todos en todos, nos quedaba medirnos solos ante esas 4.000 personas que fueron a vernos y convencer al resto de que aquel Málaga CF era muy grande por lo que creía. Era un equipo que creía tanto en sí mismo que al final acabó logrando el milagro.

El 28 de junio de 1998 el Málaga CF consiguió ascender a Segunda División, tras vencer por 4-1 al Terrassa. ¿Cómo recuerda aquel encuentro?

Mira, una vez hablándolo con Pepu Hernández porque él veranea en el pueblo de donde yo vivo, resulta que teníamos las mismas sensaciones tras una experiencia traumática que supone un hito como ese: en su caso, un campeonato del mundo con España y en mi caso, el ascenso con el Málaga CF. Esa sensación de que lo vives casi en una nube, de que muchas de aquellas cosas ya ni te acuerdas de ella porque la mente está tan puesta en lo que tienes que hacer que se pierde la noción de hasta la memoria. Así se viven ese tipo de partidos: los vives en una situación muy traumática. En mi caso, desde el autocontrol de saber que todo lo que podía hacer estaba ya hecho y que lo que podía añadir era convencer a los jugadores de que se podía.

¿Qué cree que ha significado para el club aquel éxito?

Yo creo que a nivel social implica siempre implica un aprendizaje grupal de haber tocado fondo, de haberse bañado en el lodo durante mucho tiempo, y tras haber salido de él, de hacer un grito colectivo de “nunca más”. En aquella celebración se notaba que era un pasar de página y de no volver a vivir una situación asín nunca más.

Yo siempre dije y creo que los jugadores que en gran parte repitieron la plantilla al año siguiente en Segunda División también lo hablaban, que cuando estaban con las dudas se acordaban del espíritu de Segunda B. Creo que eso en el vestuario de La Rosaleda pese a la gran remodelación que ha habido se respire ahí todavía: el espíritu de lo sufrido y de no querer sufrirlo nunca más.

Y a nivel personal, ¿qué significó para usted aquel ascenso a Segunda División?

Yo obviamente me vine con la juventud de llevar pocos años de profesional en el Sporting “B” y experiencias de ese estilo, el pasar al club de los grandes como era el Málaga CF supuso una convalidación en el mundo profesional: de un técnico que no procedía de haber sido un gran jugador futbolísticamente y que se lanzó con toda su ilusión a entrenar en España en Segunda B y en todos los destinos que he tenido internacionalmente.

Posteriormente, pasó por los banquillos de Cádiz CF y Granada CF. ¿Cómo recuerda aquellas etapas de su carrera?

El Cádiz CF me llega con esta borrachera de éxito del Málaga CF, teniendo que desconectar en una semana y pasar a otra histeria y a otra ciudad de presión máxima como es Cádiz. Yo llegué con mucha ilusión porque sabía del arte que tiene esa ciudad, que afina mucho con los sentimientos futbolísticos y pero que también tienen esa lógica histeria que tienes que soportar y que a lo mejor yo no había cargado las pilas lo suficiente para llevarla. Entonces bueno, tras determinados conflictos  el Presidente de entonces, el señor Muñoz, acabó tomando la decisión tras la cuarta jornada de prescindir de mí. Fue una experiencia corta.

La del Granada CF fue otra experiencia con un Presidente atípico, con el que mantenemos una relación de construcción del equipo entero. Cuando empezamos a rodar y estábamos en posiciones de liguilla, en diciembre decide prescindir de mí. Granada es otra de mis espinitas clavadas, porque fue una ciudad en la que me encantó vivir, que sentí muy próxima y muy cercana. Además, como con muchas aficiones, sentí que tuve muy buena relación pero al final, decisiones dirigenciales como dicen los sudamericanos, hicieron que no pudiera concluir.